viernes, 20 de septiembre de 2013

TALLER 3

TALLER 3: ATENCIÓN A LA DIVERSIDAD EN UN CENTRO DE EDUCACIÓN SECUNDARIA COMPENSATORIA
RESÚMEN: “La respuesta a la diversidad desde la colaboración entre profesionales”.- DIEGA RUIZ BÁÑEZ
La autora describe en esta comunicación la filosofia de trabajo que guía sus intervenciones como orientadora de un instituo  de educación compensatoria y plantea los motivos que la llevaron a abandonar un estilo de intervención imperante en la actualidad, basado en el déficit, la psicometría y la aplicación de programas dirigidos a la reparación de lo supuestamente “deficitario”, en pro de un modelo de trabajo psicoanalítico en el que prevalece la escucha y la atención de cada sujeto en su particularidad.
Se parte de otra lectura del fracaso escolar que, en ocasiones, sobrepasa lo puramente pedagógico y se constituye en un síntoma que encubre un malestar más profundo y que, como tal, necesita ser escuchado y descifrado. No caer en la etiqueta fácil y hacer una labor de “acompañamiento” en el proceso educativo de este alumnado, requiere un trabajo en equipo, un dispositivo de ayuda coordinado que, en casos complejos, cumple la función de apoyo y sostenimiento que la familia no puede realizar.
Este modelo de trabajo y de escucha es trasladable también a las intervenciones con grupos en los que se dan graves problemas de convivencia (acoso, maltrato,....). En estos casos y previo estudio sociométrico del grupo, se organizan espacios en los que  los chicos puedan reflexionar, analizar y buscar soluciones y compromisos, como el mejor antídoto contra la puesta en acto violento.
Las premisas que guían su trabajo con el profesorado son similares, marcándose como objetivo desburocratizar y hacer vivos los diferentes espacios de coordinación existentes en los centros para que los proyectos educativos puedan ser sostenidos en equipo y  haya una gestión colectiva de los problemas.


 JORNADA SOBRE “NUEVAS EXPERIENCIAS EDUCATIVAS, RESPUESTAS CREATIVAS ANTE LAS DIFICULTADES ACTUALES”
COMUNICACIÓN: “La respuesta a la diversidad desde la colaboración entre profesionales”.
 DIEGA RUIZ BÁÑEZ

Estas jornadas tratan sobre nuevas experiencias educativas y respuestas creativas en educación. Yo, sinceramente, no sé si mi forma de trabajar podría calificarse como creativa y novedosa y tampoco sé si es mejor lo que se llama “novedoso” actualmente. Sí sé que trabajo de manera diferente a como se hace habitualmente hoy en día, que parto de premisas distintas.
Trabajo en un instituto de  Compensatoria en el que aproximadamente un 30% (en torno a 120 alumnos de los 400 alumnos matriculados), presentan dificultades  para seguir el currículo escolar.
-     En torno a un 4% presenta Discapacidad intelectual y/o trastornos de personalidad.
-     Aproximadamente un 8% presenta Dificultades de aprendizaje.
-     Finalmente, un 18% presenta fracaso escolar por problemas socio-familiares. En este grupo de integran alumnos  que provienen de familias marginales, con situaciones a veces muy graves (prostitución, maltrato, abusos, drogas,…), con graves carencias éticas y culturales y gran desinterés por “lo escolar”, de forma que  no hay en estas familias un proyecto de éxito para sus hijos y el fracaso se convierte para ellos  en un signo de pertenencia al medio. Generalmente, son chicos que no se sienten culpables ante la infracción de las normas porque no tienen la ley interiorizada, por lo que su conducta se suele caracterizar por  problemas de disciplina, absentismo, apatía, falta de trabajo,… La palabra no suele ser para ellos un medio de expresión habitual del sufrimiento, sino que suelen expresan su malestar con actos y actitudes violentos en muchos casos. Por otro lado, debido a la falta de estímulo y de interés por todo lo educativo, pueden no desarrollar todas sus capacidades potenciales y con frecuencia aparentan  una pseudo-debilidad mental.
Con esta diversidad que he descrito, tenemos que intentar conseguir el objetivo educativo que es que  todos ellos puedan progresar a su ritmo, con medidas de adaptación del currículo y planteamientos flexibles de trabajo. Esto es menos dificultoso de conseguir con el alumnado  de los dos primeros grupos descritos,  quizás porque el hecho de que haya ya un diagnóstico establecido,  calma a los profesionales y el fracaso escolar de este alumnado no pone tanto en tela de juicio su labor y también porque estos chicos suelen acabar identificándose con el “mal alumno” y adoptar una posición pasiva  e inmovilista que les lleva a pasar toda la escolaridad de clase en clase de apoyo sin que mejore su rendimiento escolar.
Más dificultad presenta el trabajo con el alumnado que llamamos “Desfavorecido” descrito en el tercer grupo,  porque en la base de su fracaso hay situaciones como he comentado muy complejas. 
¿Qué tenemos que hacer los orientadores para facilitar este proceso de adaptación de la enseñanza a la particularidad de cada alumno?. Básicamente dos cosas: realizar la evaluación psicopedagógica del alumnado  que no progresa conforme a lo esperado y   elaborar los programas de intervención necesarios en base a los resultados obtenidos.
El procedimiento habitual en estas situaciones consiste  en  la aplicación de diferentes test  y cuestionaros al alumno (de capacidad intelectual, de personalidad, de  atención…) para, a partir de los resultados obtenidos, emitir  un diagnóstico y  determinar  la ayuda específica que necesita dentro de la institución escolar, (refuerzos, logopedia, atención en el aula de apoyo,…) y los  programas que podrían ayudar al chico a mejorar esos aspectos que se han considerado deficitarios (autonomía, habilidades sociales, conducta, atención,….).
Este es también el procedimiento que yo seguía en los comienzos de mi ejercicio profesional, pero pronto empecé a ponerlo en cuestión y mi formación en psicoanálisis tuvo mucho que ver. Yo no comparto dos cuestiones fundamentales con este modelo:
1)   No apruebo el uso indiscriminado de los tests, no comparto la creencia de que tienen una validez científica incuestionable ni su aplicación como único medio de valoración  de lo que le pasa al alumno porque  no tienen en cuenta la situación particular de cada chico  ni su historia. La información que nos dan es muy pobre si tenemos en cuenta la multiplicidad de factores que pueden estar motivando los resultados y obtaculizando el aprendizaje y sobre los que los tests no nos da ninguna información.

No significa ésto que yo esté en contra de la aplicación de estos instrumentos. Lo que planteo es la necesidad de relativizar su valor y la importancia de contrastar sus resultados con otras formas de intervención que tengan en cuenta la particularidad del sujeto porque, de lo contrario, podemos caer fácilmente en un etiquetado que  puede ser determinante para la continuidad de su escolaridad y de su vida.

2)   Una vez obtenidos unos resultados con las pruebas aplicadas, la administración educativa plantea un modelo de intervención por programas en los que hay que intentar reparar lo que se considera deficiente (la atención, la memoria, las habilidades sociales,..). Bajo mi punto de vista  se parte de una visión fragmentada del ser humano en la que parece que cada función fuera independiente y se pudiera  reparar la parte que no funciona. Es un  modelo de intervención que no tiene en cuenta a la persona en su subjetividad.
Eso no quiere decir que no se pueda mostrar eficaz en algunos casos y resulte conveniente  el desarrollo de programas diversos dirigidos a orientar, informar, asesorar sobre diferentes temas.
Con frecuencia sigue siendo sobrecogedor para mí consultar la historia escolar de  algunos alumnos porque muy a menudo se reduce al diagnóstico de un largo listado de déficits, obtenidos con la aplicación de una variada gama de tests y cuestionarios y otro largo listado de programas que vendrían a ennmendar los déficits diagnosticados.
De una manera un tanto rudimentaria al principio y con poco apoyo teórico porque no tenía todavía formación, empecé a concederle tiempo a la escucha de los alumnos  y observé  que ésto permitía que se fuera desvelando la situación que estaba en el origen del fracaso escolar y que inhibía o bloqueaba el  aprendizaje.
Pienso que el adolescente necesita que se le brinde la posibilidad de pensar y buscar salidas a sus problemas, de hablar de sí mismo y de sus dificultades, necesita ser escuchado porque se encuentra en un  periodo crítico de la vida y, en medio de todo ese trasiego, su trabajo escolar se puede ver resentido. Y dar consejos significa mantenerlo en una posición infantil y de dependencia, no ayudarlos a crecer.
A veces el fracaso escolar tiene un origen puramente pedagógico; en otros casos puede ser la expresión de una actitud de oposición y rebeldía  pero, en muchos casos, constituye un síntoma que encubre un malestar más profundo de tipo  neurótico o psicótico. Y antes de que los intereses de estos chicos  puedan colocarse en lo escolar, es necesario que puedan elaborar algo de ese sufrimiento que bloquea su capacidad de aprendizaje.
Mi objetivo no es poner etiquetas, sino conocer a los sujetos en su complejidad para propiciar que la tarea educativa se desarrolle de la mejor manera posible, acompañarlos en este proceso.
El tiempo de este acompañamiento es variable en cada caso. En ocasiones, con intervenciones de corta duración se consigue un cambio inesperado.
Pero hay casos especialmente complejos que requieren la participación de diferentes servicios del centro, es decir, la organización de un dispositivo de ayuda coordinado en el que cada elemento del mismo realiza una función de apoyo y sostenimiento del sujeto que la familia no es capaz de hacer. Hay que hacer una suplencia de la familia.
Pongo de ejemplo el caso de una chica de 12 años con fobia escolar, que venía con una historia de aislamiento social y fracaso escolar desde Educación Infantil. Las crisis de angustia que experimentaba al acudir al centro provocaban un absentismo cada vez mayor, igual que su desfase en el aprendizaje. Acudía a Salud Mental, donde la medicaron  y veían periódicamente pero yo le ofrecí un espacio semanal en el que ella podía hablar de sus miedos y yo podía hacer un seguimiento de su evolución. También veía a  los padres periódicamente. Con la colaboración de las profesoras de apoyo, se le elaboró un horario de permanencia en este aula que fuera disminuyendo poco a poco, de modo que sirviera de tránsito  hasta el cumplimiento del horario completo en su aula. También podía acudir al aula de apoyo si experimentaba ansiedad, donde se la calmaba hasta que podía volver a su clase. La Educadora social se encargaba del seguimiento de su absentismo y a veces la acompañaba desde su casa hasta el centro. La jefa de estudios colaboraba atendiendo los problemas de disciplina en los que se veía involucrada (al principio era objeto de rechazo por parte de sus compañeros; luego era ella la que provocaba los conflictos).  Por las tardes acudía a las clases de acompañamiento escolar en donde la profesora, que estaba al tanto de su problema, la ayudaba a salvar su desfase escolar. El equipo educativo se reunía periódicamente y se acordaban determinadas actuaciones coordinadas por el tutor.
El esfuerzo fue enorme por parte de todos los  profesionales que he mencionado, pero esta chica logró finalmente acudir al centro regularmente, integrarse en una pandilla de amigos, terminar sus estudios y sacar el  título de ESO. En la actualidad está  estudiando un ciclo de formación profesional. 
Aparte de estas intervenciones en casos individuales, trabajo también con grupos  en los que se dan graves problemas de convivencia como situaciones de rechazo o acoso escolar. En estos casos, los tutores realizan un sondeo anónimo inicial donde los alumnos expresan libremente su opinión sobre lo que está ocurriendo en la clase y se aplica un  sociograma al grupo. En base a la información obtenida y teniendo en cuenta la configuración socio-afectiva del grupo (rechazados, maltratadores, líderes,….),  se distribuye al alumnado  en grupos pequeños teniendo en cuenta sus preferencias y  que los más vulnerables se sientan arropados por los  compañeros más “pro-sociales”. Me reúno con cada subgrupo semanalmente y en estos encuentros los chicos pueden expresar libremente sus opiniones en un ambiente de confianza y respeto mutuo. Establezco una serie de normas muy sencillas que tienen que respetar y que son las siguientes:
1)   Todos pueden hablar siempre que  escuchen también a los compañeros cuando intervienen.
2)   Pueden  expresar su opinión pero no de una manera ofensiva.
3)   El objetivo no es juzgar ni sancionar a nadie, sino que puedan reflexionar sobre lo que ocurre y pensar en posibles soluciones con las que se puedan comprometer.
4)   Garantizo la confidencialidad sobre lo que allí expresen.
Mi función es escuchar todas las opiniones sin  emitir juicio alguno, hacer señalamientos sobre los emergentes grupales o los temas significativos que vayan surgiendo e ir reconduciendo la producción del grupo y evitando la dispersión. No doy opiniones  ni consejos sino que permito que ellos vayan sugiriendo medidas a adoptar o compromisos que puedan adquirir. Si plantean problemas con algún compañero o compañera, pueden hacer que esa compañera venga y expresarle las desavenencias que tienen con ella, escuchar lo que ella tenga que decir, llegar a compromisos para solucionar la situación de origen,….
Es fácil observar con este encuadre de trabajo como:
ü        Los chicos escuchan a los compañeros y, generalmente, admiten también las críticas que los compañeros les hacen.
ü        Caen en la cuenta de lo importante que es conocer a una persona para que la relación con ella no se rija por prejuicios.
ü        Se ponen en el lugar del otro y  entienden cómo se siente.
ü        Surgen formas diferentes de interacción entre ellos. 
Es un modelo de trabajo en el que se favorece que los adolescentes puedan pensar, expresarse, razonar, analizar,…lo que pienso que constituye el mejor antídoto contra la puesta en acto, a veces violento. Detrás de los comportamientos agresivos está con frecuencia la pérdida de autoestima del sujeto y para que pueda  recuperar la confianza,  necesita pasar primero por la confianza  y el respeto que le testimonian otros.
Con el profesorado mi línea de trabajo es similar, mi objetivo es crear espacios de participación  donde se pueda  reflexionar, confrontar opiniones y compartir los problemas derivados de la práctica. Pretendo que haya una gestión colectiva de los problemas, que los proyectos educativos sean sostenidos  en equipo y, para ello, intento  aprovechar los diferentes espacios de coordinación existentes (reunión de tutores, de equipos educativos, de departamento, …) y desburocratizarlos,  hacerlos vivos.

Por último, presento otras experiencias que se han realizado en  mi centro, que  pueden considerarse novedosas y creativas y que van a exponer mis compañeros de mesa:
ü   Una  experiencia de formación del profesorado que se desarrolló en mi centro durante dos años de la que va a hablar Margarita Moreno,

ü   El  Taller de creatividad y teatro que ha estado funcionando durante dos cursos escolares y del que va a hablar Paco Aragón. Con la puesta en marcha de este taller se pretendía crear vías de aprendizaje alternativas que permita al alumnado con más graves carencias educativas, familiares y sociales  descubrir nuevas habilidades y formas de expresión, revalorizarse e integrarse socialmente. Se trata de propiciar  actividades que permitan que el sujeto se reconcilie consigo mismo y recobre la confianza perdida por la vía del éxito en un campo diferente al puramente académico.

ü   La puesta en marcha de un modelo de aprendizaje cooperativo que va a comentar mi compañera Mª Carmen García, con el objetivo de trabajar mejor con la diferencia dentro del aula.



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