TALLER 3: ATENCIÓN A
LA DIVERSIDAD EN UN CENTRO DE EDUCACIÓN SECUNDARIA COMPENSATORIA
RESÚMEN: “La
respuesta a la diversidad desde la colaboración entre profesionales”.- DIEGA
RUIZ BÁÑEZ
La autora describe en esta
comunicación la filosofia de trabajo que guía sus intervenciones como
orientadora de un instituo de educación
compensatoria y plantea los motivos que la llevaron a abandonar un estilo de
intervención imperante en la actualidad, basado en el déficit, la psicometría y
la aplicación de programas dirigidos a la reparación de lo supuestamente
“deficitario”, en pro de un modelo de trabajo psicoanalítico en el que
prevalece la escucha y la atención de cada sujeto en su particularidad.
Se parte de otra lectura del fracaso
escolar que, en ocasiones, sobrepasa lo puramente pedagógico y se constituye en
un síntoma que encubre un malestar más profundo y que, como tal, necesita ser
escuchado y descifrado. No caer en la etiqueta fácil y hacer una labor de
“acompañamiento” en el proceso educativo de este alumnado, requiere un trabajo
en equipo, un dispositivo de ayuda coordinado que, en casos complejos, cumple
la función de apoyo y sostenimiento que la familia no puede realizar.
Este modelo de trabajo y de escucha
es trasladable también a las intervenciones con grupos en los que se dan graves
problemas de convivencia (acoso, maltrato,....). En estos casos y previo estudio
sociométrico del grupo, se organizan espacios en los que los chicos puedan reflexionar, analizar y
buscar soluciones y compromisos, como el mejor antídoto contra la puesta en
acto violento.
Las premisas que guían su trabajo
con el profesorado son similares, marcándose como objetivo desburocratizar y
hacer vivos los diferentes espacios de coordinación existentes en los centros
para que los proyectos educativos puedan ser sostenidos en equipo y haya una gestión colectiva de los problemas.
JORNADA SOBRE “NUEVAS EXPERIENCIAS EDUCATIVAS,
RESPUESTAS CREATIVAS ANTE LAS DIFICULTADES ACTUALES”
COMUNICACIÓN: “La respuesta a la diversidad desde la colaboración entre
profesionales”.
DIEGA RUIZ BÁÑEZ
Estas jornadas tratan
sobre nuevas experiencias educativas y respuestas creativas en educación. Yo,
sinceramente, no sé si mi forma de trabajar podría calificarse como creativa y
novedosa y tampoco sé si es mejor lo que se llama “novedoso” actualmente. Sí sé
que trabajo de manera diferente a como se hace habitualmente hoy en día, que
parto de premisas distintas.
Trabajo en un instituto de
Compensatoria en el que aproximadamente un 30% (en torno a 120 alumnos
de los 400 alumnos matriculados), presentan dificultades para seguir el currículo escolar.
- En torno a un 4% presenta Discapacidad intelectual y/o trastornos de
personalidad.
- Aproximadamente un 8% presenta Dificultades de aprendizaje.
- Finalmente, un 18% presenta fracaso escolar por problemas socio-familiares.
En este grupo de integran alumnos que
provienen de familias marginales, con situaciones a veces muy graves
(prostitución, maltrato, abusos, drogas,…), con graves carencias éticas y
culturales y gran desinterés por “lo escolar”, de forma que no hay en estas familias un proyecto de éxito
para sus hijos y el fracaso se convierte para ellos en un signo de pertenencia al medio.
Generalmente, son chicos que no se sienten culpables ante la infracción de las
normas porque no tienen la ley interiorizada, por lo que su conducta se suele
caracterizar por problemas de
disciplina, absentismo, apatía, falta de trabajo,… La palabra no suele ser para
ellos un medio de expresión habitual del sufrimiento, sino que suelen expresan
su malestar con actos y actitudes violentos en muchos casos. Por otro lado,
debido a la falta de estímulo y de interés por todo lo educativo, pueden no
desarrollar todas sus capacidades potenciales y con frecuencia aparentan una pseudo-debilidad mental.
Con esta diversidad que he descrito,
tenemos que intentar conseguir el objetivo educativo que es que todos ellos puedan progresar a su ritmo, con
medidas de adaptación del currículo y planteamientos flexibles de trabajo. Esto
es menos dificultoso de conseguir con el alumnado de los dos primeros grupos
descritos, quizás porque el hecho de que
haya ya un diagnóstico establecido,
calma a los profesionales y el fracaso escolar de este alumnado no pone
tanto en tela de juicio su labor y también porque estos chicos suelen acabar
identificándose con el “mal alumno” y adoptar una posición pasiva e inmovilista que les lleva a pasar toda la
escolaridad de clase en clase de apoyo sin que mejore su rendimiento escolar.
Más dificultad
presenta el trabajo con el alumnado que llamamos “Desfavorecido” descrito en el
tercer grupo, porque en la base de su
fracaso hay situaciones como he comentado muy complejas.
¿Qué tenemos que hacer
los orientadores para facilitar este proceso de adaptación de la enseñanza a la
particularidad de cada alumno?. Básicamente dos cosas: realizar la evaluación
psicopedagógica del alumnado que no
progresa conforme a lo esperado y
elaborar los programas de intervención necesarios en base a los
resultados obtenidos.
El procedimiento habitual en estas
situaciones consiste en la aplicación de diferentes test y cuestionaros al alumno (de capacidad
intelectual, de personalidad, de
atención…) para, a partir de los resultados obtenidos, emitir un diagnóstico y determinar
la ayuda específica que necesita dentro de la institución escolar,
(refuerzos, logopedia, atención en el aula de apoyo,…) y los programas que podrían ayudar al chico a
mejorar esos aspectos que se han considerado deficitarios (autonomía,
habilidades sociales, conducta, atención,….).
Este es también el procedimiento que
yo seguía en los comienzos de mi ejercicio profesional, pero pronto empecé a
ponerlo en cuestión y mi formación en psicoanálisis tuvo mucho que ver. Yo no
comparto dos cuestiones fundamentales con este modelo:
1)
No apruebo el uso indiscriminado de los
tests, no comparto la creencia de que tienen una validez científica
incuestionable ni su aplicación como único medio de valoración de lo que le pasa al alumno porque no tienen en cuenta la situación particular
de cada chico ni su historia. La
información que nos dan es muy pobre si tenemos en cuenta la multiplicidad de
factores que pueden estar motivando los resultados y obtaculizando el
aprendizaje y sobre los que los tests no nos da ninguna información.
No significa ésto que yo esté en contra de la aplicación de estos
instrumentos. Lo que planteo es la necesidad de relativizar su valor y la
importancia de contrastar sus resultados con otras formas de intervención que
tengan en cuenta la particularidad del sujeto porque, de lo contrario, podemos
caer fácilmente en un etiquetado que
puede ser determinante para la continuidad de su escolaridad y de su
vida.
2)
Una vez obtenidos unos resultados con las
pruebas aplicadas, la administración educativa plantea un modelo de
intervención por programas en los que hay que intentar reparar lo que se considera
deficiente (la atención, la memoria, las habilidades sociales,..). Bajo mi
punto de vista se parte de una visión
fragmentada del ser humano en la que parece que cada función fuera
independiente y se pudiera reparar la
parte que no funciona. Es un modelo de
intervención que no tiene en cuenta a la persona en su subjetividad.
Eso no
quiere decir que no se pueda mostrar eficaz en algunos casos y resulte
conveniente el desarrollo de programas
diversos dirigidos a orientar, informar, asesorar sobre diferentes temas.
Con
frecuencia sigue siendo sobrecogedor para mí consultar la historia escolar
de algunos alumnos porque muy a menudo
se reduce al diagnóstico de un largo listado de déficits, obtenidos con la
aplicación de una variada gama de tests y cuestionarios y otro largo listado de
programas que vendrían a ennmendar los déficits diagnosticados.
De una manera un tanto rudimentaria
al principio y con poco apoyo teórico porque no tenía todavía formación, empecé
a concederle tiempo a la escucha de los alumnos
y observé que ésto permitía que se fuera
desvelando la situación que estaba en el origen del fracaso escolar y que
inhibía o bloqueaba el aprendizaje.
Pienso que el adolescente necesita
que se le brinde la posibilidad de pensar y buscar salidas a sus problemas, de hablar de sí mismo
y de sus dificultades, necesita ser escuchado porque se encuentra en un periodo crítico de la vida y, en medio de
todo ese trasiego, su trabajo escolar se puede ver resentido. Y dar consejos
significa mantenerlo en una posición infantil y de dependencia, no ayudarlos a
crecer.
A veces el fracaso escolar tiene un
origen puramente pedagógico; en otros casos puede ser la expresión de una
actitud de oposición y rebeldía pero, en
muchos casos, constituye un síntoma que encubre un malestar más profundo de
tipo neurótico o psicótico. Y antes de que los intereses de estos chicos
puedan colocarse en lo escolar, es necesario que puedan elaborar algo de
ese sufrimiento que bloquea su capacidad de aprendizaje.
Mi objetivo no es poner etiquetas,
sino conocer a los sujetos en su complejidad para propiciar que la tarea
educativa se desarrolle de la mejor manera posible, acompañarlos en este proceso.
El tiempo de este acompañamiento es
variable en cada caso. En ocasiones, con intervenciones de corta duración se
consigue un cambio inesperado.
Pero hay casos especialmente
complejos que requieren la participación de diferentes servicios del centro, es
decir, la organización de un dispositivo de ayuda coordinado en el que cada
elemento del mismo realiza una función de apoyo y sostenimiento del sujeto que
la familia no es capaz de hacer. Hay que hacer una suplencia de la familia.
Pongo de ejemplo el caso de una
chica de 12 años con fobia escolar, que venía con una historia de aislamiento
social y fracaso escolar desde Educación Infantil. Las crisis de angustia que
experimentaba al acudir al centro provocaban un absentismo cada vez mayor, igual
que su desfase en el aprendizaje. Acudía a Salud Mental, donde la
medicaron y veían periódicamente pero yo
le ofrecí un espacio semanal en el que ella podía hablar de sus miedos y yo
podía hacer un seguimiento de su evolución. También veía a los padres periódicamente. Con la
colaboración de las profesoras de apoyo, se le elaboró un horario de
permanencia en este aula que fuera disminuyendo poco a poco, de modo que
sirviera de tránsito hasta el
cumplimiento del horario completo en su aula. También podía acudir al aula de
apoyo si experimentaba ansiedad, donde se la calmaba hasta que podía volver a
su clase. La Educadora social se encargaba del seguimiento de su absentismo y a
veces la acompañaba desde su casa hasta el centro. La jefa de estudios colaboraba
atendiendo los problemas de disciplina en los que se veía involucrada (al
principio era objeto de rechazo por parte de sus compañeros; luego era ella la
que provocaba los conflictos). Por las
tardes acudía a las clases de acompañamiento escolar en donde la profesora, que
estaba al tanto de su problema, la ayudaba a salvar su desfase escolar. El
equipo educativo se reunía periódicamente y se acordaban determinadas
actuaciones coordinadas por el tutor.
El esfuerzo
fue enorme por parte de todos los profesionales
que he mencionado, pero esta chica logró finalmente acudir al centro
regularmente, integrarse en una pandilla de amigos, terminar sus estudios y
sacar el título de ESO. En la actualidad
está estudiando un ciclo de formación
profesional.
Aparte de estas
intervenciones en casos individuales, trabajo también con grupos en los que se dan graves problemas de
convivencia como situaciones de rechazo o acoso escolar. En estos casos, los
tutores realizan un sondeo anónimo inicial donde los alumnos expresan
libremente su opinión sobre lo que está ocurriendo en la clase y se aplica
un sociograma al grupo. En base a la
información obtenida y teniendo en cuenta la configuración socio-afectiva del
grupo (rechazados, maltratadores, líderes,….),
se distribuye al alumnado en
grupos pequeños teniendo en cuenta sus preferencias y que los más vulnerables se sientan arropados
por los compañeros más “pro-sociales”.
Me reúno con cada subgrupo semanalmente y en estos encuentros los chicos pueden
expresar libremente sus opiniones en un ambiente de confianza y respeto mutuo.
Establezco una serie de normas muy sencillas que tienen que respetar y que son
las siguientes:
1)
Todos pueden hablar siempre que escuchen también a los compañeros cuando
intervienen.
2)
Pueden
expresar su opinión pero no de una manera ofensiva.
3)
El objetivo no es juzgar ni sancionar a
nadie, sino que puedan reflexionar sobre lo que ocurre y pensar en posibles
soluciones con las que se puedan comprometer.
4)
Garantizo la confidencialidad sobre lo
que allí expresen.
Mi función es escuchar
todas las opiniones sin emitir juicio
alguno, hacer señalamientos sobre los emergentes grupales o los temas
significativos que vayan surgiendo e ir reconduciendo la producción del grupo y
evitando la dispersión. No doy opiniones
ni consejos sino que permito que ellos vayan sugiriendo medidas a
adoptar o compromisos que puedan adquirir. Si plantean problemas con algún
compañero o compañera, pueden hacer que esa compañera venga y expresarle las
desavenencias que tienen con ella, escuchar lo que ella tenga que decir, llegar
a compromisos para solucionar la situación de origen,….
Es fácil observar con
este encuadre de trabajo como:
ü
Los chicos escuchan a los compañeros y,
generalmente, admiten también las críticas que los compañeros les hacen.
ü
Caen en la cuenta de lo importante que
es conocer a una persona para que la relación con ella no se rija por
prejuicios.
ü
Se ponen en el lugar del otro y entienden cómo se siente.
ü
Surgen formas diferentes de interacción
entre ellos.
Es un modelo de
trabajo en el que se favorece que los adolescentes puedan pensar, expresarse,
razonar, analizar,…lo que pienso que constituye el mejor antídoto contra la
puesta en acto, a veces violento. Detrás de los comportamientos agresivos está
con frecuencia la pérdida de autoestima del sujeto y para que pueda recuperar la confianza, necesita pasar primero por la confianza y el respeto que le testimonian otros.
Con el profesorado mi
línea de trabajo es similar, mi objetivo es crear espacios de
participación donde se pueda reflexionar, confrontar opiniones y compartir
los problemas derivados de la práctica. Pretendo que haya una gestión colectiva
de los problemas, que los proyectos educativos sean sostenidos en equipo y, para ello, intento aprovechar los diferentes espacios de
coordinación existentes (reunión de tutores, de equipos educativos, de
departamento, …) y desburocratizarlos,
hacerlos vivos.
Por último, presento
otras experiencias que se han realizado en
mi centro, que pueden
considerarse novedosas y creativas y que van a exponer mis compañeros de mesa:
ü Una experiencia de formación del
profesorado que se desarrolló en mi centro durante
dos años de la que va a hablar Margarita Moreno,
ü El Taller de creatividad y teatro que ha estado funcionando durante dos cursos escolares y del que va a
hablar Paco Aragón. Con la puesta en marcha de este taller se pretendía crear
vías de aprendizaje alternativas que permita al alumnado con más graves
carencias educativas, familiares y sociales
descubrir nuevas habilidades y formas de expresión, revalorizarse e
integrarse socialmente. Se trata de propiciar
actividades que permitan que el sujeto se reconcilie consigo mismo y
recobre la confianza perdida por la vía del éxito en un campo diferente al
puramente académico.
ü La puesta en marcha de un modelo de aprendizaje cooperativo que va a comentar mi compañera Mª Carmen García, con el objetivo de
trabajar mejor con la diferencia dentro del aula.
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