“Un modelo de
integración, de la ley al deseo”
Isabel Cerdán. Maestra. Pedagoga. Psicoanalista. Miembro
de Análisis Freudiano. Alicante.
En principio quisiera reseñar que sobre todo hago hincapié en algunas
ideas que me parecen claves y que intento sean el soporte de cualquier
propuesta práctica que se plantee dentro del aula.
Mi experiencia se circunscribe en un programa formal ofertado en la
Comunidad Valenciana y que se denomina Programa Integra. Estoy en este
instituto de enseñanzas medias sólo por un año y se me adjudica de oficio, pero
esta experiencia se convierte en algo elegido porque pasa por mí, lo hago mío.
Hay un azar, pero hay una elección. En realidad este mismo formato en otros
centros se ha convertido en un cajón de sastre del que muchos compañeros
docentes quieren salir, sin embargo para mis compañeros y para mí es un lugar
de trabajo, de reflexión y de cierta satisfacción profesional.
Por lo tanto me atrevo a decir
que en esta experiencia es el
telón de fondo, la teoría desde las que se plantean las actividades y el
aprendizaje en su conjunto, la que hace que desarrollando las mismas tareas sean diferentes. Y esa
teoría me lleva a:
Tratarlos como sujetos no fracasados.
Confiar en su capacidad más que ellos mismos en este momento.
Crear algunas condiciones para que puedan elegir salir de la
esterotipia, de fracasados.
“Un modelo de
integración, de la ley al deseo”
Isabel Cerdán. Maestra. Pedagoga. Psicoanalista. Miembro
de Análisis Freudiano. Alicante
Sabemos que el ser humano tendemos a la repetición, tanto de forma
consciente como inconscientemente; a repetir roles, de repetir la forma de
encontrarnos con el Otro, con la cultura y romper esa repetición conlleva mucho trabajo. El estigma de
fracaso, de expulsados del sistema desde que entraron en el instituto es muy
difícil. Dejar de ser ese “animal que tropieza siempre en la misma piedra” y
generar algún momento, alguna experiencia en su trayectoria educativa de que
las cosas pueden ser de otra manera, de que ellos pueden tener experiencias de
éxito escolar, o simplemente de ser uno más, es fundamental. No tanto desde una
actitud paternalista, sino creando unas condiciones en las que se desarrolle la
enseñanza/aprendizaje que permita que
así sea.
El hecho de tratarlos de uno a uno, con sus nombres propios, aceptando y
visualizándolos en su particularidad y no como los alumnos de Integra, borrando
sus diferencias como suele pasar en los centros educativos, que se dice: “es
que con los de integra no sé qué hacer”, “es que siempre son los del PCPI”,
etc., en definitiva haciendo del grupo un todo, etiquetándolos de acuerdo a
dónde se les ha colocado y no desde una mirada del día a día y desde el vínculo
que se pueda ir articulando con cada uno y no dejándolos en la clase como si
fueran un objeto inanimado, como si fueran un mueble más de la clase, que han
suspendido más de 5 ó 6 asignaturas, o los repetidores, en definitiva como si
ya no hubiera ninguna esperanza de que algo puede cambiar.
El sistema escolar pretende generar alumnos sometidos, “buenos ciudadanos”,
que no cuestionen, que obedezcan, o sea, que reproduzcan el sistema capitalista
en que vivimos. Estos alumnos, no sabemos bien por qué no responden al
prototipo del “buen alumno”. Tenemos algunos datos: vivencias de algunos hechos
traumáticos a lo largo de su vida, pero el dato compartido por todos es que
durante la enseñanza primaria su escolaridad y los objetivos en ella planteados
eran obtenidos, que ha sido su entrada al instituto el que ha hecho quebrar su
camino educativo. Mi hipótesis es que el vínculo con un adulto significativo se
ha roto y estos chicos todavía necesitaban mayor sostén que otros alumnos que
se encuentran más sostenidos por su entorno familiar.
Para generar esta dinámica ha sido muy importante el espacio, como
estaban sentados. En mi forma de trabajar nos sentamos en torno a una mesa, son
7 alumnos y yo en cada grupo, todos alrededor, mirándonos a la cara y no al
cogote de un compañero. Ellos mismos hablan que de esta manera todos trabajan,
que es diferente, que no se pueden escaquear. Eran dos grupos y en cada grupo, aunque hiciéramos lo mismo,
salían cosas diferentes, pero esto de trabajar era común. Esto no significa que
fueran capaces de resolver sus hándicaps respecto a la asignatura, unos más que
otros, claro está, incluso se produjo un abandono de los estudios, quizá por
esta misma razón: por tener que trabajar.
Mi trabajo giraba fundamentalmente sobre la asignatura de Lengua
Castellana y la Literatura. Está siendo una oportunidad única de que circule la
palabra de forma oral y escrita, la idea es que sea un laboratorio donde ellos
puedan tener una experiencia diferente. Donde puedan expresar sus ideas
libremente. He intentado que sean ellos mismos dentro del área de trabajo,
creando situaciones donde la respuesta no fuera solamente algo repetitivo, sino
donde tuvieran que elegir y comprometerse en las respuestas.
En el área de la asignatura de Lengua y Literatura Castellana el
objetivo es que se encontraran con textos, pudieran leer, tomar la palabra, que
tuvieran una actitud diferente frente a la cultura, sobre todo de que supieran
que es el lenguaje el que nos separa de ser animales.
A modo de ilustración os comento algunas propuestas que he desarrollado
y que van en la línea de las ideas de que hablaba al principio :
La realización de esquemas, de que organicen sus aprendizajes, de que
sepan priorizar, de que sepan cuando se habla de comunicación, de tipologías
textuales de sintaxis u otros contenidos; no tratarlos como si no fueran
capaces, invitándoles a tomar la palabra delante de los otros: saliendo a la
pizarra a explicar sus propios esquemas, creando preguntas, haciendo debates,
inventándose ellos los dictados, etc.
Cuando toman la palabra, no sólo
es la palabra también está el cuerpo, con lo difícil que es para muchos
en estas edades mostrarse.
Respecto a la expresión escrita, utilizo distintas propuestas, por
ejemplo en un momento dado les hago elegir temas que les interesen y hacen un
listado de diez. De ahí nacen en general sus redacciones. De sus elecciones, de
sus intereses. Otra forma es haciendo una misma redacción dos veces, una en
clase y otra en casa sin mirar la anterior, caen en la cuenta de que siempre no
decimos lo mismo sobre las mismas cosas: “Me ha salido diferente” , que su
subjetividad, unas veces les lleva a reprimir unas cosas y en otros momentos
otras.
En las comunidades bilingües sólo disponemos de 3 horas para la
asignatura de Lengua Castellana y Literatura y de todos es sabido la consigna
que se imparte en la escuela: ¡Hay que leer!, como si leer fuera una actividad
cualquiera. Había chicos que no habían leído ningún libro desde hacía 3 años.
Parto de la idea de que el tiempo que dediques a algo determina en parte la
importancia que le atribuyes a ese algo. Yo decidí dedicar una de esas tres horas
a leer. Lacan habla de la importancia de que el lector ponga algo en lo que
lee, por eso huyo a veces de la literatura específicamente juvenil, con un
marcado carácter didáctico. En primer lugar leímos “La Odisea” adaptada, claro
está, su nivel de lectura nos obliga. Todos el mismo libro, estamos creando un
relato compartido del que poder hablar y en los comentarios que se hacían
podían aparecer intervenciones de este tipo:
Un chico, bastante absentista, decía que por la mañana el sofá lo
atrapaba, no lo dejaba salir de casa y otro le contestaba: “el sofá es tu flor
de loto”. En la Odisea, la flor de loto robaba la voluntad de los navegantes.
El segundo texto: “Un beso en París” de E. Perkins, trata sobre el amor
y la amistad entre jóvenes, de una forma fresca y bien escrito, les absorbió.
Como decía Daniel Pennac: “que buenos pedagogos éramos cuando nos olvidábamos
de la pedagogía” en su obra “Como una novela” A través del texto salían temas
que les preocupaban: la sexualidad, la enfermedad, la relación con los padres,
los hermanos, etc.
La idea, aunque muy difícil, es que se puedan hacer propuestas más
abiertas, donde los docentes nos
preocupemos más por intentar ser dueños de la enunciación y no esclavos del
enunciado, donde la letra, los libros de texto, los programas no sean los que
gobiernan las clases, sino los participantes en el proceso de
enseñanza/aprendizaje y que los materiales se conviertan en herramientas al
servicio de dicho proceso.
Lo importante para mí, es que ellos estén pasando por una experiencia que les permita
vivir momentos diferentes, que no tienen
que responder todos lo mismo y que ellos
tienen mucho que ver con lo que les pasa.
El psicoanálisis, la experiencia psicoanalítica, ayuda a comprender un
poco mejor sus pulsiones, sus conflictos… ayuda a no tener que saberlo todo y a
saber que va a ser su deseo, sus ideales, sus identificaciones las que van a
ser el motor de su existencia.
Una pequeña viñeta que puede mostrarlo más directamente:
Una alumna que “no trabaja” en ninguna clase, excepto en la de lengua
española. Hacemos una excursión y dice: “A ella –refiriéndose a mí- en la que
esté yo, no le enseñes ninguna foto” Esta chica al principio de curso habló de
que se sentía invadida por una mirada obscena de un familiar. Y le pregunto
cuál es la causa de que no quiera enseñarme sus fotos y contesta: “Es que yo
antes no hablaba” y allí habló dijo: NO. No lo vivo como algo personal, más
bien como algo que tiene que ver con su propio devenir, con aspectos que tienen
que ver con su subjetividad y que han podido aparecer hasta donde ella puede o
quiere. Lo importante es no pisar el palito, no responderle como si la cosa
fuera contra ti.
Hay algo bastante común en algunos maestros y yo soy uno de esos, y es
la idea de que los alumnos deben de sentarse bien, favorece una actitud de
trabajo. Quizá puede servirnos de motivación para tratar una idea que en ellos
siempre está presente: quieren estar cómodos, no tengo ganas, las apetencias,
como si nunca pudieran estar incómodos, insatisfechos, frustrados. Estas ideas
van mucho más allá,… como si siempre tuvieran que estar “a gustito”, ese goce,
les impide renunciar a algo día a día para trabajar. Ese estar “a gustito” es
bastante destructivo en algunos casos.
El deseo de producir enseñanza en los alumnos, de trasmitirles un bagaje
cultural, no es suficiente, hace falta plantearse nuevas formas que lo
confronten con su deseo, el de ellos. El trabajo con alumnos con personalidades
tan frágiles hace que piensen que cualquier error que cometan es un ataque
narcisista, que despierta en ellos bloqueos e inhibiciones que le alejan de la
experiencia educativa. Hemos intentado vivir el error sin culpa, hasta en los
exámenes. A veces todos necesitamos muletas para caminar, pero no significa que
éstas sean para toda la vida. En este espacio circula la palabra. Es importante
salir del lugar de la idealización, aunque sabemos que es difícil de conseguir y que conlleva mucho
trabajo personal, no sólo una carga de voluntarismo.
Se ha hablado en las jornadas en diversas ocasiones de la educación
imposible y curiosamente yo le cambie el título a la película en torno a la
cual se generó el debate previo, la llamaba “La educación imposible”, Leandro
de Lajonquiere lo ha explicado con tanta claridad que no voy a ahondar más en
ello. Lo impredecible de los resultados. Es importante ir a la búsqueda de
resultados no tan medidos y controlados sin que por ello haya que abandonar la
transmisión cultural a la que está llamada la institución educativa.
La experiencia psicoanalítica individual por parte de los docentes.
El trabajo con los padres –en grupo e individualmente- , acompañándolos
en sus dificultades.
El trabajo con los compañeros
docentes, dando cuenta cada uno de su quehacer en el aula y de las dificultades
encontradas.
El estudio individual y en grupos de los profesionales implicados.
Estas últimas consideraciones pienso que son un importante bagaje que
facilitará el camino a todos los implicados en la producción de enseñanza en la
escuela acercándonos a un lugar de
sujetos emancipados, pudiendo hacer cada uno uso de nuestra inteligencia,
favoreciendo la salida de la alienación y logrando poco a poco la separación de un discurso único,
atreviéndonos a tomar la palabra, a tener voz propia, donde la inteligencia
tanto de los alumnos como la de los profesores se pueda confrontar con otras
inteligencias sin tener que pasar por la explicación del “maestro” y pasando a
ser ese “Maestro Ignorante” que dice Rancière en su obra del mismo nombre.
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